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nov
28

Un dia de primavera , llegaste tú…..Por Goretti. Su historia de adopción.

 

Goretti, una madre de la Fundación  Balms para la infancia, nos cuenta la historia de cómo su familia se completó, un día de primavera en la ciudad de Medellín, cuando conocieron a su hijo Juan Pablo de 7 años de edad. Gracias familia!.

Asi comienza….

Mi pareja y yo llevamos toda la vida juntos y siempre entró en nuestros planes tener hijos.  El primer regalo que nos ofreció la vida ocurrió hace 9 años cuando nació Hana, nuestra hija biológica. Ella es un tesoro, un ser especial. El segundo regalo nos acaba de llegar hace apenas unos meses: se trata de nuestro hijo adoptado Juan de 7 años. El es un niño maravilloso. Ambos han sido dos hijos muy deseados.

La idea de adoptar un niño/a se forjó hace muchos años y comenzó a materializarse hace sólo cuatro, en el momento en que empezamos con los trámites burocráticos, entrevistas y Certificados de Idoneidad, Nacimiento, Laborales, entre otros. Nos decantamos por Colombia como el país de origen de nuestro hijo/a, tras estudiar varias opciones, entre otras cosas, porque nos ofreció muchas garantías de transparencia en el proceso de la adopción.

Tras una larga espera, que incluyo también un cambio en el rango de edad por el de un niño más mayor, nos llegó la ansiada preasignación. Se trataba de un niño de casi 7 años (6 años y 9 meses) de Medellín. En un primer momento recibimos la noticia con una mezcla de ansiedad, alegría e inquietud. A mi la edad me asustó un poco, ya que en un principio nos habían dicho que nos correspondía un niño de entre 5 y 6 años. A mi pareja le pareció perfecto y ahora teníamos ante nosotros el expediente psicosocial de nuestro hijo, un expediente muy voluminoso con una foto: “!Era un niño muy guapo!”.

A pesar de mis inquietudes no tardamos ni un solo día en decidir que aceptábamos de todo corazón a este hijo y que sería él y no otro el que formaría parte de nuestra familia para siempre.

Nuestra hija recibió la noticia enseguida, estaba muy nerviosa ya que ¡por fin! podría conocer a su hermano. Aunque siempre había deseado una compañera de juegos, al verlo, el que fuese un niño no le importó lo más mínimo.

La confirmación de la fecha de encuentro fue angustiosa. Tras tres meses larguísimos, supimos que el día 15 de marzo del 2011 seria el gran día. Comenzábamos por fin una maravillosa aventura. El viaje a Colombia estuvo cargado de un voluminoso equipaje, emoción y muchos miedos y dudas, pero también de un enorme deseo de reunirnos con nuestro pequeño.

                                                    No sabría expresar muy bien o con palabras todos los sentimientos  que me inundaron ese mágico día de encuentro. Nada más entrar en la pequeña sala del  I.C.B.F  donde  esperábamos ansiosos, mi hijo y yo al encontrarnos, nos fundimos en un abrazo y lo primero que sentí fue que era muy vulnerable y menudo. A pesar de esta fragilidad pude ver que poseía una valentía y entereza difíciles de encontrar en un niño de 7 años. Unos meses después, él mismo me confesaría que tuvo el mismo miedo y las mismas ansias que yo tuve, aquel día: nuestro primer día juntos.

 Se vistio la nieve

de vagos  carmines,                  

 Me quieres ¿me dijo?.               

  !Te quiero!, le dije.

(Juan Ramón Jimenez.)

Cuando entró en nuestras vidas, mi hijo era un ser sensible, físicamente pequeñito, parecía dos años menor de lo que en realidad era, pero en su mirada  se mostraba como un niño fuerte  y con ganas de comenzar una nueva vida. Esto es lo que ha hecho hasta el momento.

Su vida no ha sido fácil, mi pequeño ha sufrido mucho y ahora desde que ha comenzado su nueva vida, está empeñado en ser feliz y lo está consiguiendo.

Cada día se muestra más seguro de sí mismo, ha crecido un montón y en solo unos meses ha dejado de parecer un pajarito asustado, encontrándose cada día más convencido de que éste es, junto a nosotros, su familia, su lugar en el mundo.

La relación con su hermana Hana es de absoluto amor, pero de AMOR con mayúsculas, ambos se buscan y se adoran, se necesitan y cuidan mutuamente. A pesar de que también hay celos y pequeños problemas, no voy a negarlo, son dos hermanos inseparables desde el primer día.

Volviendo a nuestra estancia en Colombia, ésta fue más larga de lo que habríamos deseado, casi 2 meses de estancia en el país para obtener una sentencia de adopción que legitimase que Juan, es nuestro hijo, aunque en mi corazón lo ha sido desde el día que cogí su foto en mis manos. A pesar de esa larga espera por la sentencia, nuestra estancia en el país de origen de nuestro pequeño, han sido unos días maravillosos que jamás olvidaremos ninguno de los cuatro. El tiempo que vivimos allí, nos ha servido para conocernos y comenzar a querernos mutuamente. Siempre recordaremos los paseos en familia por las calles y parques de la maravillosa ciudad de Medellín, así como la amabilidad y la dulzura de sus gentes. Todos estos recuerdos están grabados a fuego en nuestras almas para siempre.

Juan Pablo se encuentra feliz en su recién estrenada vida. Ha hecho muchos nuevos amigos y asiste muy contento al colegio de la mano de su hermanita, que es  así como él la llama.

Cada mañana se despiden con un beso antes de entrar cada uno en sus respectivas aulas y yo mientras tanto contemplo desde la entrada del colegio esta escena que tanto esperaba.

 

Mi hijo me dijo un día: “mamá, ¿te acuerdas de esas heridas que tenía en las piernas cuando me conociste? Pues ya se me están pasando porque tú me las estás curando”.  Yo espero cada día ofrecerle tanto amor que pronto cicatricen también las heridas de su corazón.    

                                                    Sabemos que tal vez vengan en el futuro algunos días difíciles, pero el vínculo que estamos estableciendo será como el cemento que nos va a permitir afrontar cualquier tempestad. Me maravillo al darme cuenta de lo bien que ha encajado este niño con nosotros. Antes de tenerlo éramos como un puzzle al que le faltaba una pieza. Hoy puedo contaros que nos sentimos completos. Ahora, que han pasado todos mis miedos, me siento maravillada y feliz con la familia que por fin, somos.  

 

Esperamos que pronto las familias que esteis leyendo esta carta puedan sentir y contar lo mismo que nosotros.  

 

 

 

 

 

 

 

 Un abrazo….. Goretti. y familia.     

Desde la ECAI Fundacion Balms para la Infancia os deseamos que pronto vuestros sueños, como los de esta familia se hagan realidad.   

Madre tu me besas, pero yo te beso mas, y el enjambre de mis besos no te dejan ni mirar. Si la abeja se entra al lirio, no se siente su aletear. Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar…
Yo te miro, y  te miro, sin cansarme de mirar, y qué lindo niño veo en tus ojos asomar… Los ojitos que yo tengo, me los tengo que gastar, en seguirte por los valles,por el cielo y por el mar…    

                                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                           
                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                     

 

 

 

Un comentario

  1. María escribió:

    Gracias por compartir vuestra historia. Nos da fuerzas. Un abrazo, María.

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